El baño romano mejor conservado de España. La inspiración de diseño más aromniosa de pasado y presente. El sentido bien construido para que lo que fue sea con riqueza. Eso es el Palacio Baillío que espera con su blanca espuma de lujo exótico.

       Muchas capas sopesa Córdoba, a otro corto trayecto desde Toledo. Fue centro neurálgico en época de la dominación romana y uno de los principales centros islámicos de la Edad Media. Es famosa por la enorme Mezquita que data del año 784 d. C., con un salón de oración con columnas y antiguos mosaicos bizantinos que se convirtió en iglesia católica en 1236.

Esta ciudad es una de las alternativas imperdibles que propone el programa Stopover Hola Madrid de Iberia, una opción para que si se hace una escala en Madrid, se pueda permanecer hasta 6 días sin costos adicionales de vuelo y, además, con una serie de ofertas especiales y beneficios. Entre ellos, un viaje a la mítica Córdoba y su joya hotelera..

       Allí, en una serie de casas que pertenecieron a las familias Corbacho y Cárcamo, pasando en el siglo XVI a fray Pedro Núñez de Herrera, bailío de Lora, se encuentra el Palacio del Baillío (https://www.hospes.com/palacio-bailio). Ese cargo se reservaba al oficial de justicia de entonces.

       El hotel ocupa un gran solar. En su interior  se conservan pinturas murales de con episodios de la vida del Gran Capitán y una sala neoárabe. Han hecho un excelente trabajo de renovación, trayendo a la actualizad técnicas y joyas arquitectónicas del pasado como los tapizados de terciopelo, estucos pintados a mano, el aroma de los jardines, techos abovedados o arcos de piedra del antiguo Palacio, pero todas ellas con una arquitectura singular en perfecto equilibrio entre un edifico histórico y el primer hotel de 5 estrellas de la ciudad. Uno puede tener la buena fortuna de que toque el cuarto con pinturas del siglo XVIII como en escenas de El Quijote o del Gran Capitán de Córdoba, una de las más prestigiosas de los Reyes Católicos.

Hacer historia

Córdoba tiene un trajín muy personal. No se asemeja en absoluto a las grandes urbes, pero su riqueza histórica la conviernte en el epicentro de una horda de turistas que escarban cada uno de sus rincones. Sin embargo, siempre hay oasis en alguna parte. El gran viajero sabe encontrarlo. El Palacio Ballío es una piedra preciosa resguardada en una recoleta calle donde una pequeña curva le permite abrir su entrada. Desde afuera se sugiere la calma, las ganas de entrar. Una vez allí, la sorpresa infinita.

Una sucesión de patios, antiquísimas ruinas romanas conservadas como no se encuentran en otro sitio de España, capas de historia que fueron arquitectónicamente preservadas para ser expuestas al reconocimiento del ojo experto. El sabio trabajo realizado expone al origen con una vanguardia que le sienta.