Un resort rodeado de un entorno a pasos Buenos Aires. El hotel es una ventana al agua en un entorno privilegiado. Wyndham Nordelta propone ser un refugio en tiempos turbulentos

De pronto a hurtadillas te llega un rumor. Alguien te sopla en la oreja y te saltan las lágrimas de viajero empedernido porque este tiempo se transformó en altas celebraciones por pequeños milagros. Retomar experiencias que venías teniendo ganas de recuperar. Tomarte un rato, irte acá cerca, aunque sientas que te fuiste a un resort en el caribe. Tomarte una hora para llegar en auto a un paraíso con navegación, pileta y naturaleza. Que apenas te lleve subir un bolso al baúl del auto y que te enfrentes a casi un monoambiente que te espera con sonrisa de terraza amplia para que vivas el desayuno viendo el acompasado ritmo del agua que danza entre los primeros rayos de la mañana. Que con un par de prendas mezcladas con un libro, la notebook y las gafas te sientes en los sillones a ver caer el sol manso, resignado de la belleza de las breves ondulaciones que el Wyndham Nordelta tendió sobre la mesa de disfrute.
Un paisaje que ayuda como nadie a componer esta ópera que te permite tomarte un par de días apenas para aprender sus melodías y recordarlas largo tiempo. Aunque te deje con las ganas de comprarte el abono y asistir toda la temporada.
La reapertura ha sido paulatina. Con esfuerzos visibles por hacer como que no ha pasado nada, pero -a la vez- mostrando abiertamente que todo lo que tenía que pasar para que el funcionamiento sea posible, está allí.
Se siente el pasajero amablemente contenido. Con afecto y alivio de verse de nuevo anfitriones y visitantes. La propuesta formal hoy invita a tomar una estadís 3×4, aunque cada uno puede hacer el plan que más le guste.
No todo queda en la calidez del detalle y de ese espacio que rememora la calma hacia adentro de una Venecia posmoderna. Se ven pocos pasajeros, aunque el sitio no está nada vacío. La convivencia en la pileta es armónica y distante. Los sonidos son los de la naturaleza.
Sipan, el restaurante de fusión nikei, es el regugio para dejar al paladar darse una panzada con platos que son un hallazgo potente. La vista a la laguna deja con la boca abierta.
El paso se pierde entre las vistas que se renuevan desde diferentes ángulos. Instagram se hace una fiesta.
Que vuelvan los clásicos nos saca una sonrisa. Que volvamos nosotros debería ser una costumbre para repetir.